"En sus comedias siempre aparece una mujer que persigue a un hombre muy tímido. Es poco corriente que en la pantalla los hombres sean tan tímidos y la mujeres tan agresivas. Sin embargo, usted ya lo hacía en los años veinte y los treinta, antes de que ese tipo de cosas se utilizaran con frecuencia en las comedias.
Tú coges un profesor, y utilizas el papel de la chica para destrozar su dignidad… Katie Hepburn y Cary eran una gran combinación. Es bastante difícil pensar en otro que no sea Cary Grant para este tipo de cosas. (...) Era maravilloso. Al final yo le decía, “Cary, esta es una buena oportunidad para hacer el Número Siete”. El Número Siete consistía en tratar de decir algo a una mujer que no para de hablar. Sencillamente, hacíamos el Número Siete. Y él tenía que encontrarle variaciones. Él y Hepburn eran sencillamente grandiosos juntos. Era una historia tan divertida, que era fácil resultar divertido en ella. (...)
¿Qué tal era Hepburn para trabajar con ella en La fiera de mi niña?
Al principio tuvimos problemas con Kate. El mayor problema es la gente que trata de ser graciosa. Si no tratan de ser graciosos, entonces lo son. No conseguía hacer nada con ella, así que fui a un actor que era cómico en los Ziegfield Follies y cosas así, Walter Catlett, y le dije: “Walter, ¿has estado observando a la señorita Hepburn?” Él dijo, “Sí”. “¿Sabes qué es lo que hace?” “Sí”. Y le dije, “Se lo dirás?” Me dijo, “No”. “Bueno”, dije, “supongamos que ella te pide que lo hagas”, “Bueno, entonces tendré que decírselo”. Así que fui a Kate, y le dije, “No estamso avanzando demasiado en esto. No consigo entenderme contigo, pero hay un hombre allí que creo que conseguirá hacerlo. ¿Quieres hablar con él?. Volvió de hablar con él y me dijo, “Howard, contrata a ese tipo y mantenlo por aquí varias semanas, porque le necesito”. Y desde entonces, supo cómo interpretar mejor una comedia, que es limitándose a leer las frases."
Hawks según Hawks, Joseph McBride
"Recuerdo aquí las emocionantes palabras con las que Freud concluye El chiste y su relación con lo inconsciente: “el estado de ánimo de la infancia, en la que no conocíamos lo cómico, no éramos capaces del chiste y no necesitábamos del humor para sentirnos felices en la vida”. (...)
Es indudable que somos invitados a leer estos sucesos como una alegoría sexual, pero es también innegable que lo que Hepburn dice, al abrir la caja y mirar dentro, es verdad: “Es sólo un viejo hueso. Claramente, George [el perro] está de acuerdo con ella. El juego entre lo literal y lo alegórico determina el curso de la narración y provee con direcciones contradictorias a nuestra experiencia de ella. (...)
La cuestión de quién sigue a quién preside su relación desde el inicio. Al final de la primera escena, en el campo de golf, él responde a la acusación de ella negando que la esté siguiendo y, en un sentido convencional, no lo está haciendo; pero no se puede negar que, literalmente, lo está haciendo. (...) Al final de la secuencia del restaurante, su salida -el hombre llevando a la mujer y sin embargo siguiendo sus pasos, como en un tango onírico, a la manera de un perro- identifica la cuestión de quién sigue a quién con el asunto de quién está detrás de quién, que sigue siendo temático en las escenas siguientes. (...)
He sugerido que la labor del romance en esta comedias está diseñada de tal manera que evite las distinciones entre Vieja y Nueva Comedia y que esto para mí significa que plantea una estructura en la que dudamos permanentemente de quién es el héroe, quién, hombre o mujer, es el partener activo, quién está en una misión, quién sigue a quién. (...)
Mi idea es que la estructura de este tipo de comedias hay que entenderla de la manera siguiente: los protagonistas aceptan la idea implícita de que el matrimonio requiere su propia prueba, que nada venido del exterior puede probar su validez; y estas comedias consisten en los intentos que ellos hacen por entenderlo, quizás subvertirlo, para extraerse a sí mismos de la necesidad del primer paso y llegar directamente a un estado de reafirmación. Es como si pasasen esa noche de verano no ya enamorándose a primera o segunda vista, sino convirtiéndose en enamorados de infancia, inventando para sí mismos un pasado compartido, y perdido, al cual puedan desear permanecer fieles. (Entre otras percepciones, no excluyentes, del decorado final, este puede ser leído como una casa en un árbol o una cuna.) Es una especie de reconstrucción prehistórica. Que esta se derrumbe no es exactamente gracioso. Grant, en particular, nunca sonríe."
Pursuits of Happiness, The Hollywood Comedy Of Remarriage, Stanley Cavell
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